Soy un duende guardado y distraído por el día. Sólo mi cactus con su lento caminar me entrega sus espinas, y las clava en mi pulgar, cuando intento tocarlo.
Y como duende guardado mi tarea es cuidar de todo lo soñado, empapando cantos en luz.
Carcelero guardado, las puertas no se abren.

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